Indignez-vous (III)

Un capítulo más de la traducción que estoy perpetrando con nocturnidad y alevosía del texto de Stéphane Hessel.

Ya tenemos noticias sobre la edición en España de este librito tan célebre en la Europa civilizada (a partir del otro extremo del tunel de Bielsa). En FNAC de Zaragoza nos dijeron que ya ha comprado una editorial española los derechos para su traducción, la cual irá prologada por José Luis Sampedro. Bueno, mientras sale y sin que se lo tomen muy al pie de la letra aquí va el fragmento de hoy:

Dos visiones de la historia

Cuando intento comprender lo que provocó el fascismo, quién hizo que fuésemos invadidos por él y por Vichy, me respondo con que el capital y las fortunas, con su egoismo, tuvieron mucho temor a la revolución bolchevique.

Se dejaron guiar por sus miedos. Pero si hoy como entonces una minoría activa se levanta, ésta bastará, tendremos la levadura para que la masa fermente.

En efecto, la experiencia de un viejo como yo, nacido en 1917, es diferente de la experiencia de los jóvenes de hoy.

Pido a menudo a los profesores de las escuelas la posibilidad de intervenir ante sus alumnos, y les digo: “vosotros evidentemente no tenéis las mismas razones para comprometeros”

Para nosotros resistir era no aceptar la ocupación alemana, la derrota. Era relativamente sencillo. Simple como lo que siguió después, la descolonización. Y después la guerra de Argelia. Era necesario que Argelia se hiciese independiente, era evidente.

En cuanto a Stalin, todos nosotros habíamos aplaudido la victoria del ejercito rojo contra los nazis en 1943. Pero cuando ya tuvimos conocimiento de las purgas stalinistas de 1935, y aunque había que mantener puentes abiertos hacia el comunismo para contrabalancear el capitalismo americano, la necesidad de oponerse a esta forma insoportable de totalitarismo se había convertido en evidente.

Mi larga vida me ha dado una serie de razones para indignarme. Estas razones nacen menos de una emoción que de una voluntad de compromiso.

El joven alumno de la Normale Sup que yo era ha estado muy marcado por Sartre, un condiscípulo mío algo más mayor. La Nausée, Le Mur, L’Être et le Néant, han sido muy importantes en la formación de mi pensamiento. Sartre nos enseñó a decirnos: “Sois responsables en tanto que sois individuos”. Era un mensaje libertario. La responsabilidad del hombre que no se entrega ni a un poder ni a un dios. Más bien al contrario, hay que comprometerse en nombre de su responsabilidad como ser humano.

Cuando entré en la escuela Normale de la calle Ulm, en París, en 1939, entré allí como ferviente discípulo de Hegel y seguí el seminario de Maurice Merleau-Ponty. Su enseñanza exploraba la experiencia concreta, la del cuerpo y sus relaciones con el sentido.

Pero mi optimismo natural, que quiere que todo lo que es deseable sea posible, me llevaba más bien hacia Hegel.

El hegelianismo interpreta la larga historia de la humanidad como si tuviese un sentido: la libertad del hombre progresando etapa por etapa.

La historia está hecha con choques sucesivos, tomado en cuenta los desafíos. La historia de las sociedades progresa y, al fin, el hombre, habiendo alcanzado su completa libertad, encontramos el Estado democrático en su forma ideal.

Existe desde luego otra concepción de la historia. Los progresos hechos por la libertad, la competición, la carrera por el “siempre más”, puede ser vivida como un huracán destructor. Es así como la representó un amigo de mi padre, el hombre que compartió con él la tarea de traducir al alemán À la recherche du temps perdu de Marcel Proust. Es el filósofo Walter Benjamin. Había interpretado un mensaje pesimista de un cuadro del pintor suizo Paul Klee: l’Angelus Novus, donde la figura del ángel abre los brazos como para contener y repeler una tempestad que identifica con el progreso. Para Benjamin que se suicidará en septiembre de 1940 para huir del nazismo, el sentido de la historia es un camino irresistible de catástrofe en catástrofe.

Ángelus Novus. Paul Klee (1897-1940)

Ángelus Novus. Paul Klee (1897-1940).-

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